No hace mucho tiempo, un juzgado de Sevilla ha declarado que el famoso toro que vigila las carreteras españolas es patrimonio nacional. Algo que ya sucedía de hecho pero sin respaldo judicial.
De todas formas ese espaldarazo legal debería ser todavía más amplio, tanto en demarcación -tendría que ser una instancia superior quien dictaminase su carácter- como en cobertura. Y desde luego -y no menosurgente- debería suprimirse de su denominación la coletilla con que se conoce actulamente a este símbolo, también llamado por muchos El toro del coñac.
Fue en 1956 cuando una conocida bodega encargó al artista y diseñador gaditano Manuel Prieto la creación de un diseño que identificase y publicitase su marca. Y Prieto creó un toro de stilizads formas y magníficas hechuras que -tras superar las reticencias de lkos bodegueros jerezanos, que no estban muy convencidos debido al enorme tamaño de sus genitales- se integró plenamente en el paisaje español y que, con el tiempo, se ha convertido en toda una referncia a la fiesta de los toros y considerado como monumento de la Junta de Andalucía, que, como tal, lo incluyó en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz.
Pese al denodado interés de progresistas de pacotilla, el toro de Prieto no ha podido erradicarse de nuestras carrteras, arraigado ya definitivamente en nuestro imaginario y firme recordatorio de que españa es tierra de toros.
Pero el interés que aquella bodega mostró más de cincuenta años atrás en el toro hace ya tiempo que desapraeció. Justo cuando la firma pasó a manos creo que inglesas, que sólo ven en el toro que les simboliza un extraordinario reclamo publicitario. Ellos, a cambio, han procurado obviar cualquier relación con la fiesta de los toros, a la que niegan, ignoran y rechazan, explicando, cuando alguien se preocupa por su anagrama, que el toro es sólo una marca y que a ellos no les interesa para nada ni el espectáculo ni el negocio taurino. Es por ello que a esta monumental figura habría que institucionalizarla como el El toro de Prieto o, por lo menos, como El toro de la carretera.